«De tianguis a parián a centro comercial»

Parecería que el relato de «El Palacio de Cristal» fue solamente una reminiscencia y que no tiene conexión con toda esta historia que les cuento acerca de la creación del México actual. Reminiscencia sí lo fue, pero conexión sí que la hay. Aquí les dejo la historia de esos increíbles mercados que heredamos tanto del México prehispánico como del novohispano:
Una de las cosas que más sorprendió a los españoles a su llegada a México Tenochtitlán fue el Mercado de Tlatelolco. El tianguis o tianquiztli era un espacio abierto en donde se comerciaban productos que llegaban de todas partes del imperio. El tamaño, diversidad de productos y cantidad de gente dejó boquiabiertos a los conquistadores. Fue tal su asombro que el mismo Cortés habló de él en sus Cartas de Relación. Al vencer a los mexicas, la decisión del extremeño fue establecer la capital novohispana en el mismo corazón del gran imperio recién conquistado. En el centro de la nueva ciudad se construyó la Plaza de Armas con su nuevo mercado que pasó a ser el centro comercial más grande de la Nueva España. El Imperio español fue creciendo, no solo en América, sino también en Asia. Lugares tan lejanos como Filipinas fueron añadidos a la lista de territorios hispanos (de hecho perteneció al Virreinato de la Nueva España). Así la primera globalización mundial comenzó en el siglo XVI. La porcelana china, tan codiciada en Europa, era elaborada en Jingdezhen (actual China) y vendida en Manila. De ahí comenzaba el largo viaje de este producto, junto con otros más, hasta llegar a Sevilla. Manila – Acapulco – Ciudad de México – Veracruz – Sevilla. Mucha de la mercancía se quedaba en el camino. Los españoles residentes de tierras americanas se quedaban con la mejor parte del botín. El comercio fue creciendo a través de los años y el mercado del siglo XVI tuvo que ser reemplazado por uno cuya palabra es de origen filipino: el parián. Este nuevo mercado fue establecido en la Plaza Mayor de la capital (hoy la Plaza del Zócalo) y ahí se podían encontrar mercancías tan variadas como sedas, especias, perfumes, telas, porcelanas y cualquier producto que uno pudiera imaginar cuyo origen era el lejano oriente. En el intento de modernización del México Independiente, este maravilloso mercado fue retirado, pero las semillas habían dejado frutos y la construcción de parianes por otras ciudades le dio vida a los centros de las provincias. El que yo más conozco es el que se construyó en Aguascalientes ya que se encontraba a la vuelta de la casa de mis abuelos. Lamentablemente una nueva modernización en la década de los ochenta del siglo XX le dio al traste a este herencia novohispana para establecer edificios de arquitectura posmoderna.
Maricruz Zambrana Jirash, 27 de septiembre de 2022.
«El tlatoani encolerizado»
Moctezuma es otro de los personajes protagonistas del capítulo de “La Conquista”. Moctezuma II o Moctezuma Xocoyotzin (“el menor”) ha causado ambigüedades en la manera en el que se le ve. El último tlatoani mexica a quien se le conoce por haber dejado entrar a los españoles a la capital de su imperio y que por blandengue fue apedreado por su mismo pueblo. Un hombre supersticioso que no supo distinguir que los conquistadores no eran dioses, sino hombres. Hombres sangrientos como el mismo pueblo que él guiaba. Su nombre significa “el encolerizado”. Me lo imagino encerrado como prisionero en uno de sus mismos palacios haciéndole honor a su nombre. Aunque en los últimos días de vida el miedo y el desasosiego habrán inundado su cuerpo. Hugh Thomas nos describe su físico: fuerte, moreno, cabello ondulado y nariz aguileña. Pero más allá de su aspecto, se dice que era “astuto, sagaz y prudente, sabio, experto, áspero en el hablar, muy determinado.” Este tlatoani amplió las fronteras de su imperio hasta el Soconusco. Con ello, el esplendor no solo fue político y económico, sino también artístico. Esas magníficas plumas verdes de quetzal llegaron por primera vez al centro del Imperio Mexica y, con ello, un nuevo arte floreció. El mejor ejemplo de ello es el mismo penacho de Moctezuma cuya reproducción podemos ver los mexicanos en el Museo Nacional de Antropología. El original se encuentra en el Museo del Mundo de Viena (el cómo llegó ahí y si debería de permanecer ahí es otra odisea que probablemente en otro post abordaré). Muchas de las famosas obras de arte realizadas en piedra que conocemos de los mexicas son de la época de Xocoyotzin. ¿Hizo mal en dejar entrar a los españoles y alojarlos en un palacio? ¿Es verdad que siempre pensó que Cortés era Quetzalcóatl? ¿Fue una piedra lo que le mató o fue Malinche el autor de su fallecimiento? Preguntas difíciles de responder dado que solo una de sus hijas sobrevivió y todo lo que sabemos de los últimos días de vida fue escrito por los españoles. Es, sin duda alguna, un personaje digno de estudiarse y que invita al debate para intentar comprender los últimos momentos de gloria del gran Imperio cuya caída dio pie a la formación del México que conocemos.
Maricruz Zambrana Jirash, 27 de septiembre de 2022.
«¿Presagio o explicación?»

He aquí la diosa mexica Cihuacóatl que literalmente significa «mujer serpiente». Era, sin embargo, quien cuidaba a las mujeres durante el parto y las arropaba si perdían la vida. Se dice también de ella que recolectaba las almas, le daba fuerza a los guerreros e influía en la fertilidad. No por nada se le compara con Tonantzin, la diosa madre, «nuestra madre» (como se le terminó por llamar a la Virgen de Guadalupe). En Cihuacóatl se origina la leyenda de La Llorona. Se dice que en los últimos años del Imperio Mexica comenzó a aparecerse por las noches y gritaba «¡Ay mis hijos!». Moctezuma intrigado por los rumores que le llegaban de la aparición de una mujer pidió a su cihuacóatl (uno de sus dignatarios y, sí, se eligió el mismo nombre de la diosa para designar al dignatario) que indagara quién era y por quién lloraba. Las versiones posteriores a la Conquista dicen que la mujer aullaba de dolor pues había ahogado a sus hijos y, posteriormente, se había tirado ella misma al río. Pero la versión original dice que Cihuacóatl lloraba por todos sus hijos. ¿Y quiénes eran sus hijos? Los mexicas y todos aquellos habitantes del Anáhuac. La diosa les dice que el horror y la tristeza inundan su corazón pues pronto los ríos se teñirían de rojo por la sangre derramada de sus hijos. Les advertía que se fueran, que no sería Quetzalcóatl el que se aparecería. -¿Tezcatlipoca entonces?- le pregunta intrigado el dignatario. -No, el dios de la noche no es tan malo como lo que se acerca- le responde. De nuevo, la historia ya la conocemos. Efectivamente no fue Quetzalcóatl quien se apareció, sino Hernán Cortés. Y sí, llegó entonces el fin de los tiempos mexicas. La leyenda la conocemos por las crónicas y los códices realizados años después de la Conquista. ¿Cuándo se originó entonces la leyenda? ¿Durante los últimos años del Imperio Mexica? ¿Fue un presagio? Yo no lo creo. Supongo que fue una de las maneras que los sobrevivientes del asedio a Tenochtitlan explicaron lo inexplicable.
Maricruz Zambrana Jirash. 13 de septiembre de 2022.
«La Malinche y el Malinche»
Hablé ya acerca de dónde viene el nombre de Malinche. Sin embargo, hay otra hipótesis que explica el origen de este nombre. Imposible saber cuál de las dos es la correcta ya que lo que nos ha quedado son crónicas escritas años después de que sucedieron estos hechos. Además, cómo saber cuál de éstas nos dicen la verdad si cada una de ellas fue escrita con un propósito claro bajo la conveniencia del autor. Esta nueva teoría habla también de él, es decir, el Malinche. Algunos dicen que se enamoró de ella o ella de él, otros solamente mencionan que fueron amantes (no hay duda de ello pues hasta un hijo tuvieron). Da un poco lo mismo para nuestro propósito indagar en si lo que tuvieron fue amor, calentura o pura conveniencia. Lo que nos compete en este momento es por qué algunos mencionan que Hernán Cortés era Malinche.

Se dice que el nombre original de la mujer que acompañó a Cortés en el proceso de Conquista era Malinalli cuya traducción del náhuatl es «hierba torcida». Algunos dicen que cuando se la regalaron a Cortés como esclava la eligió de entre las demás y fue él quien le dio el nombre cristiano de Marina al juntar el nombre de sus padres: MARtín y CristINA. No me fio mucho de esta interpretación pues pongo en duda que solo por verla el conquistador haya quedado prendado de ella. Me gusta más pensar que lo que le llamó la atención fue la inteligencia de la indígena y no solo su aspecto. En fin, es una bonita historia esa de que quiso darle el nombre de sus padres. Los españoles la llamaban entonces Marina pero los indígenas seguían dirigiéndose hacia ella como Malinalli. A Cortés entonces le decían «el señor de Malinalli». Había mencionado en otro post que el sufijo tzin significa señor (o señora). En este caso, «el señor de Malinalli» se traduce al náhuatl como «Malinalli-tzin». La historia termina de igual manera que la pasada. Los españoles al no poder pronunciar la t y la z juntas deforman el nombre a «Malinche». Así Malinche pasa a ser Hernán Cortés, «el señor de Malinalli», es decir, el dueño de doña Marina. Amantes enamorados o no, Hernán y Marina terminaron siendo uno mismo. Ambos son Malinche.
Maricruz Zambrana Jirash, 18 de septiembre de 2022.
«Cortés y la Malinche». ¿El primer mestizaje?

Se dice que Martín Cortés, hijo de Hernán y Malintzin, fue el primer mestizo. Así nos lo mostró José Clemente Orozco en el gran mural titulado «Cortés y la Malinche» que puede encontrarse en el Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México. Ella morena y él blanco, demasiado blanco para un extremeño. Pero así nos hemos imaginado las diferencias entre el español y el indígena. ¿Quién es aquél ser que se encuentra a los pies de Cortés y Marina? ¿Será el mestizo sometido? ¿Es pisoteado por los conquistadores? No se sabe. Los historiadores del arte tienen varias interpretaciones. No me detengo en ello, sino en la historia de amor o de conveniencia entre estos dos seres que son considerados por algunos como los padres del México mestizo. Se dice que el extremeño solo utilizó a Malintzin para lograr sus objetivos de conquista y para saciar sus necesidades de hombre. Es difícil contradecir estas dos afirmaciones. Malintzin, por su parte, encontró en Cortés el eslabón que la llevó de esclava a la primera mujer indígena en conseguir una encomienda. Lo cierto es que Hernán nombró al hijo que tuvo con Marina de la misma manera que se llamaba su padre: Martín. Martín Cortés -abuelo del considerado primer mestizo- apoyó a su hijo en todo momento, incluso cuando decidió dejar la Universidad de Salamanca (si es que alguna vez ingresó ahí) para aventurarse en el desconocido Nuevo Mundo. Es decir, el metelinense, honró al mestizo dándole el nombre de su abuelo. Así de importante fue Martín Cortés. Hernán tuvo más hijos, legítimos e ilegítimos, blancos y mestizos, pero se dice que este Martín (porque tuvo un hijo con su segunda esposa a quien también nombró de esta manera) fue su hijo predilecto. No se puede saber si hubo una historia de amor entre Cortés y La Malinche. Lo cierto es que sí la hubo entre el considerado primer mestizo y sus padres. Esta representación, sin embargo, hace que nos olvidemos del verdadero primer mestizo. Será porque el otro, el original, no vistió como español sino como indígena.
Maricruz Zambrana Jirash. 13 de septiembre de 2022.
📷 @amaroer
«Malintzin, Marina o Malinche»
¿De dónde viene el término «malinchista«? Todos los mexicanos lo sabemos. De «La Malinche». La amante de Hernán Cortés. Aquella mujer que decidió traicionar a su patria y ayudó a los conquistadores. A muchos nos han contado la historia de esa manera. Malinche no se llamaba Malintzin ni Marina. En realidad, desconocemos cuál era su verdadero nombre. Aquel que estaría relacionado con el día de su nacimiento como se acostumbraba en el México Prehispánico. Lo que sabemos es que los españoles al bautizarla la llamaron Marina y que aquellos que hablaban náhuatl, al no utilizar la r en su lengua, lo convirtieron en Malina. Al verla como una gran señora -la única mujer fuera de la familia de Moctezuma quien habló con el tlatoani- le agregaron el sufijo tzin que significa el respeto que mostraban hacia ella. De ahí que la conozcamos como Marina o Malintzin. Ella no traicionó a su patria. La patria no existía en el siglo XVI. Las nacionalidades, tal cual las conocemos hoy, fueron un invento del siglo XIX. Invento que se ajustó como anillo al dedo para crear un país dentro de un territorio dividido y con múltiples identidades y lenguas. Más aún, Malintzin no era mexica. Los españoles sí conquistaron México con ayuda de esta gran mujer (entre muchos otros indígenas que también ayudaron), pero México se reducía al territorio que ocupaba el Imperio Mexica. De acuerdo a Bernal Díaz del Castillo, Malintzin nació en Olutla, un poblado de la actual Veracruz que se encontraba fuera de los límites del mal llamado Imperio Azteca. Habrá sido uno más de los tantos pueblos sometidos o que intentaron someter los tenochcas. Malintzin, quien fue robada o regalada como esclava desde niña, no tenía por qué tener ninguna lealtad hacia los mexicas. Así que ni traidora ni malinchista. Malintzin debería de ser el emblema de muchas mujeres que luchan por superarse. Los mexicanos, además, deberíamos de adentrarnos en lo poco que se conoce de la vida de esta gran mujer para cerrar heridas que fueron creadas en en siglo XIX.
Maricruz Zambrana Jirash. 6 de septiembre de 2022.
«PAN Y PAZ»
¿Se pueden imaginar ser mujer, tener de unos siete a catorce hijos y encima trabajar más de doce horas al día como empleada u obrera? Yo, al menos, siento que me vuelvo loca con esta vida «burguesa» en donde mis horarios de trabajo son flexibles y donde no tengo tal cantidad de hijos a mi cuidado. No es de sorprenderse entonces que las mujeres ya desde el siglo XIX salieran a la calle a manifestarse por sus derechos. ¿Qué pensaría una obrera neoyorquina, alemana, inglesa, española o mexicana de lo que ciento cincuenta años después se ha logrado tras sus primeras protestas? No creo que pudieran imaginar el grado de emancipación al que hemos llegado las mujeres. Y no pienso que aun no haya más camino por recorrer, es solo que más que «el pedir por pedir», yo quisiera escribir el día de hoy para recordar el largo camino que se ha recorrido. Más allá de eso, me parece interesante saber por qué se eligió precisamente el ocho de marzo para conmemorar este día.
Si bien se podría decir que el día Internacional de la Mujer se originó en Nueva York a mediados del siglo XIX, la fecha exacta del ocho de marzo se debe a Lenin. Bueno, más bien a unas rusas que se atrevieron a salir a las calles un 23 de febrero de 1917. Se preguntarán entonces por qué si salieron el 23 de febrero se conmemora hasta el 8 de marzo. Por la sencilla razón que durante el zarismo, Rusia utilizaba el calendario juliano. En el calendario gregoriano que se utilizaba ya en occidente y que los bolcheviques adaptaron posteriormente, aquella fecha corresponde precisamente al ocho de marzo.
Pues estas mujeres valientes se habían convertido en la cabeza del hogar pues sus maridos, hijos y padres habían muerto o se encontraban en el frente de batalla. Recordemos que para 1917 la Gran Guerra ya había cumplido dos años y medio. Una guerra en donde aquellos frentes de batalla en donde se encontraban los hombres rusos (y los alemanes, austriacos, belgas, franceses, ingleses, entre otros) apenas se movían. Si bien estamos más acostumbrados a escuchar acerca de la guerra de trincheras que se dio en el Frente Occidental, siendo las más famosas las de Verdún y Somme en Francia y la de Ypres en Bélgica, lo cierto es que el Frente Oriental también era caótico, especialmente para los rusos.
De tal manera, estas mujeres rusas que trabajaban horas y horas sin descanso y que con lo que ganaban apenas les alcanzaba para alimentar a sus hijos (debido a que toda la producción de alimento era enviada al frente, lo que generaba escasez y, por ende, altos precios ) se organizaron para salir a las calles de Petrogrado y gritar PAN Y PAZ. Estudiantes, empleadas y obreras lograron hacer lo que los hombres no se atrevían: desafiar al zar.
Al ver aquello, los obreros quisieron unirse y aquella manifestación terminó por convertirse en un movimiento político que hizo que el zar abdicara. Esa realmente fue la Revolución Rusa. Ya más adelante los bolcheviques en octubre de aquel año realizaron su propia revolución para quitar a un gobierno que tachaban de burgués, pero esa ya es otra historia.
Curiosamente quien reivindicó este movimiento fue el mismo Lenin. El 8 de marzo de 1921 él mismo declara esa fecha como el Día Internacional de las Trabajadoras.
Maricruz Zambrana Jirash, 8 de marzo de 2023
