«Candidato»

No dejamos de escuchar la palabra “candidato” cada vez que se acercan elecciones. Yo no sé ustedes, pero conforme me voy haciendo vieja me doy cuenta que los candidatos son cada vez más oscuros. Es decir, uno sabe que todo lo que dicen son mentiras mientras que sus verdaderas intenciones se mantienen en la oscuridad. Paradójicamente, la palabra candidato deriva del latín candidatus, que significa “blanqueado”. Se hace referencia a las togas blanqueadas que llevaban los romanos durante las campañas electorales para impresionar a los votantes. 

En esta pintura de Cesare Maccari (siglo XIX) se representa el enfrentamiento entre Cicerón y Catilina. ¿No les suena el nombre Catilina? Ya saben entonces quién fue el vencedor. Aquí podemos observar a Marco Tulio Cicerón -el gran orador, filósofo y político- dando un discurso desde el senado. La imagen fue retratada por Cesare Maccari en el siglo XIX y lo que quiso mostrar fue el famoso enfrentamiento entre Catilina y Cicerón. Todos los senadores vestidos con esas togas blancas. Cabe mencionar que aunque así nos imaginemos a todos los antiguos romanos, la ropa que usaban en el día a día era más variado y más colorida.

Catilina es aquel sentado en un extremo, cabizbajo y alejado de todos. Cicerón es el orador frente al senado. Aquí la pintura nos engaña. A Cicerón lo vemos como un hombre mayor (¿el pintor habrá querido representar la sabiduría?). Mientras a Catilina lo vemos como a un joven malhumorado. Durante este enfrentamiento ambos rondaban los cuarenta años siendo Catilina dos años mayor. Además vemos a unos cuantos senadores cuando en realidad el senado romano estaba compuesto por unos seiscientos hombres. Por supuesto todos ellos hombres. Ninguna mujer ostentó jamás ningún cargo público (me pregunto si ahora tendremos que destruir todo vestigio romano por su descarado machismo).

Otro de los engaños de la pintura de acuerdo a la historia Mary Beard es el lujoso entorno del senado que, si bien parece bastanto romano, es demasiado ostentoso para esa época. La época que representa el pintor es aun la República. Parece ser que nuestra imagen de Roma con reluciente mármol no es errónea pero comenzó años después de este enfrentamiento. El lujo se dio en mayor medida cuando un solo hombre ostentaba todo el poder. Es decir, el emperador. Otro dato es que aquel lujoso mármol proviene de las canteras de Carrara en el norte de Italia que comenzaron a explotarse más de treinta años después de la crisis de Catilina.

Se cree que Cicerón convoco al senado en un templo dedicado a Júpiter de planta rectangular y no circular como lo muestra la pintura. Los miembros del senado habrán estado apretujados en un espacio mal iluminado y viciado el aire. Fue este momento un parteaguas en la historia de Roma y nuestra imaginación nos hace pensar en un lujo romano fuera de la realidad para ese momento.

Ahora lo vislumbro oscuro, con los miembros del senado despidiendo un terrible olor y empujándose unos a otros mientras intentan presumir sus insignias para mostrar que son mejores. Esta última imagen es la que me parece más real de los actuales candidatos y de la política en general.

«Malintzin, Marina o Malinche»

¿De dónde viene el término «malinchista«? Todos los mexicanos lo sabemos. De «La Malinche». La amante de Hernán Cortés. Aquella mujer que decidió traicionar a su patria y ayudó a los conquistadores. A muchos nos han contado la historia de esa manera. Malinche no se llamaba Malintzin ni Marina. En realidad, desconocemos cuál era su verdadero nombre. Aquel que estaría relacionado con el día de su nacimiento como se acostumbraba en el México Prehispánico. Lo que sabemos es que los españoles al bautizarla la llamaron Marina y que aquellos que hablaban náhuatl, al no utilizar la r en su lengua, lo convirtieron en Malina. Al verla como una gran señora -la única mujer fuera de la familia de Moctezuma quien habló con el tlatoani- le agregaron el sufijo tzin que significa el respeto que mostraban hacia ella. De ahí que la conozcamos como Marina o Malintzin. Ella no traicionó a su patria. La patria no existía en el siglo XVI. Las nacionalidades, tal cual las conocemos hoy, fueron un invento del siglo XIX. Invento que se ajustó como anillo al dedo para crear un país dentro de un territorio dividido y con múltiples identidades y lenguas. Más aún, Malintzin no era mexica. Los españoles sí conquistaron México con ayuda de esta gran mujer (entre muchos otros indígenas que también ayudaron), pero México se reducía al territorio que ocupaba el Imperio Mexica. De acuerdo a Bernal Díaz del Castillo, Malintzin nació en Olutla, un poblado de la actual Veracruz que se encontraba fuera de los límites del mal llamado Imperio Azteca. Habrá sido uno más de los tantos pueblos sometidos o que intentaron someter los tenochcas. Malintzin, quien fue robada o regalada como esclava desde niña, no tenía por qué tener ninguna lealtad hacia los mexicas. Así que ni traidora ni malinchista. Malintzin debería de ser el emblema de muchas mujeres que luchan por superarse. Los mexicanos, además, deberíamos de adentrarnos en lo poco que se conoce de la vida de esta gran mujer para cerrar heridas que fueron creadas en en siglo XIX.