El tlatoani encolerizado

Moctezuma es otro de los personajes protagonistas del capítulo de “La Conquista”. Moctezuma II o Moctezuma Xocoyotzin (“el menor”) ha causado ambigüedades en la manera en el que se le ve. El último tlatoani mexica a quien se le conoce por haber dejado entrar a los españoles a la capital de su imperio y que por blandengue fue apedreado por su mismo pueblo. Un hombre supersticioso que no supo distinguir que los conquistadores no eran dioses, sino hombres. Hombres sangrientos como el mismo pueblo que él guiaba. Su nombre significa “el encolerizado”. Me lo imagino encerrado como prisionero en uno de sus mismos palacios haciéndole honor a su nombre. Aunque en los últimos días de vida el miedo y el desasosiego habrán inundado su cuerpo. Hugh Thomas nos describe su físico: fuerte, moreno, cabello ondulado y nariz aguileña. Pero más allá de su aspecto, se dice que era “astuto, sagaz y prudente, sabio, experto, áspero en el hablar, muy determinado.” Este tlatoani amplió las fronteras de su imperio hasta el Soconusco. Con ello, el esplendor no solo fue político y económico, sino también artístico. Esas magníficas plumas verdes de quetzal llegaron por primera vez al centro del Imperio Mexica y, con ello, un nuevo arte floreció. El mejor ejemplo de ello es el mismo penacho de Moctezuma cuya reproducción podemos ver los mexicanos en el Museo Nacional de Antropología. El original se encuentra en el Museo del Mundo de Viena (el cómo llegó ahí y si debería de permanecer ahí es otra odisea que probablemente en otro post abordaré). Muchas de las famosas obras de arte realizadas en piedra que conocemos de los mexicas son de la época de Xocoyotzin. ¿Hizo mal en dejar entrar a los españoles y alojarlos en un palacio? ¿Es verdad que siempre pensó que Cortés era Quetzalcóatl? ¿Fue una piedra lo que le mató o fue Malinche el autor de su fallecimiento? Preguntas difíciles de responder dado que solo una de sus hijas sobrevivió y todo lo que sabemos de los últimos días de vida fue escrito por los españoles. Es, sin duda alguna, un personaje digno de estudiarse y que invita al debate para intentar comprender los últimos momentos de gloria del gran Imperio cuya caída dio pie a la formación del México que conocemos. 

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