Tornaviaje

Ayes soñé con mi mejor amigo, aquel que me ha ayudado a construir este blog pues amablemente ha salido los fines de semana a turistear por México para que yo pueda usar las fotografías que él ha ido sacando. Soñé que viajábamos a Puebla y que me ayudaba a buscar Tortitas de Santa Clara. Estas tortitas son unas galletas que en el centro tienen un glaseado de pepita. De niña, las veces que mi padre me llevaba a Puebla (que fueron unas cuantas) siempre volvíamos a la Ciudad de México con una caja llenas de esas tortitas (por cierto que en mi sueño se apareció también mi padre, quien falleció ya hace ocho años). Supongo que mi subconsciente sacaba a la luz todo aquello que he dejado: mis amigos, mi familia y la deliciosa comida mexicana.

Cuando la Nueva España era ya el virreinato más importante de España, los galeones navegaban dándole la vuelta al mundo. Aunque no de la manera en que lo hizo Magallanes pues era demasiado complicado. De Sevilla salían hacia Veracruz para cruzar el Atlántico. Recorrían territorio mexicano en carretas, burros o caballos para llegar a Acapulco. Y de ahí hasta Filipinas navegando el Pacífico. Esos barcos siempre volvían a su lugar de origen. A eso se le llamaba el tornaviaje. Es decir, salían del Viejo Mundo y en un viaje de vuelta volvían a sus orígenes.

Así me siento yo, en una especie de tornaviaje en el que he vuelto a mis orígenes (o parte de ellos al menos), pero haciendo un recorrido mental cada día por todos aquellos lugares que he dejado atrás.

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