Los chiles en nogada de mi tía Vicky

Es septiembre y acaban de pasar las fiestas patrias (las mexicanas). Es época de chiles en nogada. Desde que mi tía Vicky comenzó a cocinarlos y venderlos me he negado a comer alguno que no haya sido preparado por ella. Es uno de los platillos mexicanos más típicos y más conocidos en el país y, curiosamente, muy desconocido en el resto del mundo. Supongo que por su complejidad tanto para prepararlos como para conseguir alguno de sus ingredientes. Su presentación representa la bandera mexicana: el chile verde, la salsa de nogada blanca y la granada roja. Es uno de mis platillos favoritos que hoy, que escribo desde el otro lado del Atlántico, es una de las cosas que más echo de menos de México. No se sabe cuál es su origen. Podrían haber sido unas monjas agustinas en un convento en Puebla quienes, supongo yo, aburridas de la vida contemplativa jugaban a inventar platillos mezclando ingredientes mexicanos y españoles. Otros piensan que esta delicia solo nos pudo haber llegado implorándolo a los dioses (bueno, a los santos pues en el cristianismo solo hay uno, pero afortunadamente se tienen muchos santos para elegir a ver cuál nos hace el milagrito). Fue, supuestamente, san Pascual Bailón, patrono de las cocineras, quien escuchó las plegarias y le regaló a México este exquisito platillo. Haya sido de la manera en que haya sido, lo que es un hecho es que fue uno de los grandes legados del mestizaje y que, sin la llegada de los españoles, hubiera sido imposible crearlos. 

Lejos de casa de la tía Vicky me encuentro ahora. Solo pienso en este extraño tornaviaje del que soy parte ahora.

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