Aquel que visite México no puede perderse el sonido de las flautas que pudieran transportarnos al México Prehispánico. Ya sea afuera del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México en el momento mismo en que los llamados Voladores de Papantla comenzarán su espectáculo o casi en cualquier zona arqueológica del país en que los vendedores ambulantes anuncian sus artesanías con una flauta o silbato asemejando la música autóctona. En realidad la música prehispánica no está escrita por lo que es difícil saber cómo era realmente. Se sabe que tanto los cantos como el sonido instrumental se relacionaban con conceptos mágicos (o religiosos). Las pocas fuentes escritas que se tienen al respecto provienen de los cronistas españoles. De acuerdo al arqueólogo alemán Arn Adje Both, los primeros instrumentos musicales datan de antes del 2500 aC. Eran objetos simples con los que los mesoamericanos hacían música: raspadores de hueso, caparazones de tortuga y conchas marinas. Los instrumentos musicales más elaborados, como silbatos, flautas y tambores, se podían encontrar ya durante el preclásico tardío (del 2500 al 150 DC) como este silbato que representa a un danzante que toca las maracas y que fue enviado a Madrid para formar parte del Gabinete de Historia Natural.

