Todo comenzó en 1492 … Aunque para mí comenzó en 1992, quinientos años después de que Cristóbal Colón descubriera América. Fue en aquel aniversario que se estrenó la película 1492: conquista del paraíso, dirigida por Ridley Scott, protagonizada por Gérard Depardieu y musicalizada por Vangelis. En aquel entonces aun se conservaban las estatuas de Colón en distintos lugares de América y se festejaba el 12 de octubre (al menos en México). La película nos muestra un Colón sabio, que sabe que encontrará tierra y cuya carisma enamora a la Reina Isabel. Nada se dice de aquel piloto desconocido que supuestamente fue quien le dijo al capitán genovés que navegando a occidente tocará tierras orientales. Lo cual es lógico (que no lo hayan mencionado) debido a que nada de eso se ha comprobado. Lo que tampoco mencionan fue que una de las motivaciones de Colón era ir por esclavos. Parecería que en quinientos años nunca nadie supo que Colón era un esclavista. Es decir, que era uno más cuyas ideas empataban con sus circunstancias. No recuerdo muy bien en qué año comenzaron a tirar estatuas (la de México apenas la quitaron hace un par de años y al menos no lo hicieron de manera tan violenta), pero pasamos de un navegante genovés cuyo descubrimiento era día festivo a un esclavista que lo único que llevó a América fue la muerte. «Ojalá nunca hubieran descubierto América» pensarán algunos. Lo cual es muy extraño porque seguro que lo pensarán en español. En fin … La otra cara de la moneda es la película También la lluvia, dirigida por la española Icíar Bollaín protagonizada por excelentes actores españoles, mexicanos y bolivianos (Karra Elejalde, Raúl Arévalo, Gael García y Juan Carlos Aduviri entre otros). Raúl Arévalo es el padre Montesinos cuyo sermón hace darse cuenta a Bartolomé de las Casas de lo malo que están siendo tratados los indígenas. No quiero contar demasiado de la película (para evitar cualquier tipo de spoiler) pero lo interesante es que cuentan esta historia en una especie de meta literatura. El presente está representado por un director mexicano y un productor español que terminan por darse cuenta que el trato a los indígenas no ha cambiado tanto en quinientos años. Ambas películas son excelentes, pero nos muestran dos visiones de la historia. Nos muestra también el presente latinoamericano en el que se menosprecia lo propio y se exalta lo de afuera.
